Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Carta a un Amor Imposible. Carta a él.





Hola mi amor lejano, mi amor eterno, mi amor por siempre,
mi imposiblemente amado señor X, (un Ángel):


21:00 horas.

Como una loba solitaria, aúllo triste a la luna que no consigo alcanzar. Y ésta no responde a mi súplica. De tanto amor en mí, muero en vida, al tenerte cerca. 


De pronto consigo tenerte frente a mí, tras tanta espera, tras tantos días de lucha con la vida, de responsabilidades, de asuntos que resolver, siempre sola...Entonces por fin llega el gran día de la recompensa que llega sólo al tenerte cerca. Al volverte a saber aquí. ¿Y cuál es mi respuesta? El silencio. El disimulo. Tal y como marca el protocolo. Porque DEBO comportarme así. Y a eso se suma una absoluta timidez por mi parte. Es como tener al mismísimo Dios enfrente de mis ojos; ¿qué hacer? ¿Qué decir? ¿Como comportarme? Soy realmente buena haciendo de actriz...

Quisiera entonces decirte algo brillante. Acercarme a ti tan solo un poco. Pero el miedo me paraliza. No puedo respirar. Siento estar demás. Temo decir algo que no debo y callo. Me atraganta mi propia inseguridad. Siento como me bloqueo, como mi mente se nubla y temo que hasta mi respiración me delate y te hable de esa otra que soy, la que jamás va uniformada. Pienso que estoy resultando patética, que mi presencia te resulta molesta. Me vuelvo torpe e indefensa. Y me siento muy pequeña.

Cuando todo pasa, me entra una tristeza insoportable y pienso "otra vez a esperar, días, semanas ..¿Un mes? ¿Mas? Qué cara es la felicidad de tenerte cerca unos minutos. Cuanto sufrimiento tener que ahogar mis sentimientos a tu vera. Cuantas cosas quisiera preguntarte, cuantas miradas gastar en sondearte los ojos. Y sin embargo, esos minutos pasan, veloces como caballos de batalla. Y vuelvo a casa, a mi triste rutina; la responsable vida de la eterna solitaria.


Me conciencio de que jamás repararás en mí. De que nada te importo y lo comprendo. Soy un ser gris, que de tanto en tanto se vuelve arco iris al tenerte cerca.


Los miedos me matan, la vergüenza por que me descubras. Porque, quién sabe, mis ojos siempre hablan demasiado...Sin embargo, quiero volver a ti, volver a mirarte de lejos, volver a contener la respiración al ver cómo te aproximas y fingir estar ausente. Fingir y fingir...Que nada me importas, más que lo que exige el protocolo. 


He llorado tras verte. La tristeza aumenta, a medida que aumenta mi certeza de que jamás querrás tenerme en cuenta. Duele, pero es el precio que debo pagar por sentir algo que no me está permitido. Que difícil es aceptar que jamás te importaré lo más mínimo, cosa que es de una lógica aplastante. Un océano nos separa, la propia vida nos separa. Te lloro en la noche, en el día. La vida duele, más duele al tenerte cerca y saber que quizás hasta me detestas. Es posible que lo hagas, tal vez sepas que soy yo la que te ama. Tal vez me culpes por ello, por éstas cartas que jamás leerás. La verdad es que no lo sé. Tan solo comprendo que mi soledad es cada día más grande, que hacía el mundo soy una cosa y en realidad, soy otra, un ser solitario, condenada a vivir en soledad, condenada a amar en silencio por miedo. Cuanto daría por verte más a menudo. Cuanto, por sólo saber que me aprecias un poquito, no a Claudia, si cabe a esa que no soy ante tus ojos...
22:30 horas.
He llegado a este mundo imaginando tu ser, ideando tu figura, pero no fue mi mente, ésta sólo soñó  con esa descripción tan maravillosa porque te intuía en el mundo. Sin embargo, no me quería conformar con tan solo una quimera inconclusa. Quería encontrarte. Saber que existes. ¿Dónde te podía encontrar? ¡Es lo que no sabía!, tan solo eras una ilusión indefinida, un sueño, que me hacía feliz, pero a la vez me atormentaba. Ya que no lograba encontrarte. Fui la más terca buscadora de tesoros ya que luché contra mares y tormentas hasta llegar a verte en el mundo. Ese tesoro lo descubrí  como un cofre perdido en lo más profundo del mar y al abrirlo, encontré el más bello diamante y ese fuiste tú.

Luego te vi, de pronto apareciste, cuando ya no te esperaba y supe que tú eras “El”. Sin embargo, terribles imposibilidades hacían y hacen que solamente pueda amarte en secreto, vivir siempre separada de ti, sin esperanzas y avergonzada al tenerte cerca, porque tal vez, mis sentimientos me delaten. Ante ti, debo obligarme a permanecer impasible. Me siento tan asustada en tu cercanía, que siento que mis temblores internos me van a delatar. A penas respiro, la timidez me mata, mientras siento que el corazón por dentro se me desgarra. De reojo, te miro ilusionada, buscando en tus ojos alguna señal de, al menos, simpatía hacia mí (¡cuánto me conformaría con sólo eso…!) Sin embargo, solo encuentro lejanía, ausencia, impasibilidad.
A veces, sombras de un reproche parecen asomarse en tus pupilas, cuando a ti me acerco. (En esta última ocasión, quise permanecer un rato a la vera de tu espalda, mientras paré mi aliento para sentirte respirar, mientras inhalé el aire afanada, con tal de sentir tu aroma, un instante nada más pude estar en el cielo, al tenerte tan cerca…)  
 22:45 horas
Quizás sólo lo imagino, porque creo que de leer lo que aquí te escribo, sabrías quién soy y creo que sentirías cosas terribles hacía mí. Imagino qué es lo que piensas entonces de mí,- descubriendo la que te escribe estas cartas-. Imagino que pensarías que todo lo que siento o digo es absurdo y no tiene ningún valor. Que soy una exagerada. Que no "rijo" bien. A saber qué se te pasará por la cabeza. Que soy una de esas que corre tras las quimeras, que es mejor ignorarme completamente, porque a alguien como a mí no se le puede tomar en serio. Hasta he llegado a pensar que me despreciarías. Y cuando me cercioro de que es así, me mata la tristeza. Reconozco que al haberlo pensado, me he sentido profundamente apenada. ¿Pero qué vas a pensar de mí si no? ¿De una persona que se esconde entre declaraciones de amor que, seguramente para ti, serían totalmente absurdas?

22:55 horas
Siento miedo, tristeza de la que nadie conoce las dimensiones, porque pienso que sabes que te amo.
¿Indirectamente, aquí en estos escritos te estoy llevado hacía las pistas correctas, con tal de que lo sepas y no tener que dar la cara, por el pánico que sentiría a tu reacción? ¿No quiere, acaso,  el amor verdadero, ser sabido? ¿Puedes imaginar el colosal respeto que te tengo? Quisiera tanto, tanto poder decírtelo, que sí, que soy ella, pero que no debes temer, que yo cumpliré con mi protocolo, que siempre te amaré desde las sombras, que sé de sobras que jamás podrías corresponderme. Que si, que no es tu imposibilidad la que me enamoró, SI NO TU PERSONA, que de poder ser diferentes las cosas, y tú poder corresponderme, te colmaría de felicidad, no me separaría de tu lado, serías toda mi dedicación.

Sin embargo, no temas, jamás me manifestaré más allá de estas cartas que ni tan siquiera llegarán a tí. Y ni tan siquiera ellas me están permitidas. Doy gracias a Dios porque todavía pueda escribirlas. 
Mi Ángel, yo sé, que todo debe de ser como es, que la costumbre de nuestros protocolos parece tener que ser más fuerte que el amor…

Mi corazón se resignó desde el principio al hecho de no poder llegar a tenerte en mis brazos, rozar tus labios algún día, sentir tu sutil aroma más cerca…Qué hubiera dado yo por solo rozar tu mano, sentirte en un abrazo. Mi vida es poco…
El solo anhelo de llegar a reflejarse tus ojos en los míos, hace que mi corazón se sumerja en un éxtasis infinito.
Lucho por lo que quiero hasta lo imposible, siempre he sido así desde niña. Contigo, mantengo la lucha diaria de poder al menos soñarte, saberte existente en el mundo, volcarme en ti desde la distancia y rezar cada día que no te enfade mi respiración cuando apareces…

Si algún día me desvanezco, porque ya no soporte el dolor de no ser yo, no tan solo sin tu amor, sino también con tu desprecio,  recuerda que tú habrás sido lo único por lo que mi vida fue vida.

Por ahora, tan  solo una sonrisa tuya, una frase que me digas, aún tratándose de algo protocolario, me basta para ser feliz y alegrarme el día, aunque esa sonrisa o esas palabras duren solo un abrir y cerrar los ojos, todas aquellas veces que a mí te dirigiste, quedarán guardadas en la profundidad de mi corazón y permanecerán por siempre.

Con todo lo que he vivido contigo en mi pensamiento, he aprendido, que el dolor de no tener a la persona amada, no desaparece, ni se va, sino que es tanto el dolor, que terminamos por acostumbrarnos a él y a llevarlo por siempre dentro de nuestro corazón, nuestra alma, y nuestra mente.
A cualquier precio, el amor si es de verdad, permanece en nuestro corazón.

Con el alma apenado, pero profundamente enamorada, resignada, con el corazón en un puño, te ama:
C.

P.D. Siento que nuevamente no podré dormir, tengo a tus ojos y a tu silueta metida en mi cabeza, danzando en mis sentidos y no puedo imaginar otra cosa que no seas tú. Cuanto te amo y todo ese amor algún día morirá conmigo, inadvertido, olvidado, ignorado.





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