Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Acerca de las facultades mediúmnicas. Explicación personal.





Ignoro de qué modo otros “dotados” (lo que llamáis médiums) “ven” a los otros, los desencarnados. Pero sí quisiera en ésta pequeña reseña, a modo de ampliar el conocimiento de esos humildes que me comprenden, dar testimonio para su beneficio de mis “sucederes” particulares. Comprendo que otros no puedan entenderme y a su vez yo entiendo y respeto que no lo hagan (que por ahora no entiendan). Siendo yo alguien todavía en progreso, es decir pequeño en amor, imperfecto en su bondad y caridad (observad que hablo en masculino), no es de extrañar que no pueda comprender y ejercer del todo la facultad que me acompaña, como pueda ser el caso de Anne Germain, visiblemente más preparada en alma. Así el Amor, más profundo que las olas, más infinito que el espacio, en la comunión de la caridad con los que me instruyen en Dios, hará que más adelante esté en mejor preparación y para  ese fin servir mejor a mi prójimo. 

Cuándo yo “veo”, por ahora, de ningún modo “veo” con mis ojos o sentido alguno, ni tan siquiera en instantánea imagen nítida. Lo único que noto es que yo misma me hago presentir, siendo la información que obtengo, por tanto aparentemente de mi mismo pensamiento. No me defiendo, por eso mismo, ante esos que me atacan o dudan. Y es importante señalar que yo misma no sé si lo que pienso viene o no de alguien “ajeno a mí” (salvo unas contadas ocasiones dónde vi y experimente presencias fuera de mí con mis propias sensaciones corpóreas, el estado “duermevela”; entre el sueño y la vigilia). Sólo puedo saber vagamente que las informaciones que obtengo se corresponden a la realidad, al comprobar las afirmaciones que obtengo posteriormente y nunca antes o mientras este “viendo”. 

Es siempre como si conversara conmigo mismo y de hecho es esto mismo. Es como si tuviera de pronto una certeza, pero que no sé de quién ni de dónde me viene. Las informaciones me llegan mediante la impresionabilidad y la neumatofonía (voz interior que se percibe en el fuero íntimo). Muchas veces, huelo aromas, fragancias que en realidad no están ahí, pues otros no los perciben, y van acompañados estos olores con lo que me hacen saber. Entonces rápidamente me dirijo con el pensamiento al Altísimo y le pido que todo desaparezca de no venir de él. Si persiste, llego con mi mente a certezas que se hacen cuadro en mis ojos internos. Interrogo y respondo a esas certezas con mis pensamientos, pero más que con estos con mis sensaciones y emociones. Luego, soy capaz de decir nombres, hechos, peticiones, certezas. Cuando alguien quiere darme una evidencia mediante pruebas que se realizan en un futuro cercano, suelo callármelo. Pues no veo con buenos ojos revelar tal información para de ese modo no intervenir en los planes divinos. De modo que nunca sé si lo que digo es una certeza o por el contrario, sólo imaginación de mi mente. Por ello, si puedo serle útil a alguien y resolver un problema, nunca diré que lo que le digo es certeza, sino se lo haré llegar en forma de consejo y procuraré que este sea para su bien. Cuándo a través de esto que nombro me es revelado un hecho concreto, procuro actuar con discreción en concordancia con el DISCERNIMIENTO, dando la posibilidad a quién revelo de una posible equivocación por mi parte o ser mera fantasía. No se trata de que me crean o no, sino que contemplen la posibilidad de esa revelación o eficacia de una ayuda a tiempo. 

¿Por qué razón sé que no siempre son imaginaciones? Porque las verdades que así obtengo en muchas ocasiones las constato como veraces en la realidad. Suelo poder resolver asuntos y entramados que para mí eran del todo desconocidos. Se puede conocer el asesino de un asesinado. O la solución a un problema no resuelto para los familiares de un fallecido. Siempre y cuando el Altísimo considera que es lícito intervenir, ya que los más terribles sucesos son pruebas eficaces para los afectados…

Suelo constatar datos, fechas, nombres, hechos lejanos, actuales o futuros que por tanto, no pudieron estar en mi conocimiento con anterioridad. También reconozco que escribo precisamente porque en su mayoría mis escritos y novelas me son dictados, aunque por ahora no comprendo muy bien la razón de que esto sea así. Seguramente si poseo un cierto don de palabra no es en sí un merito personal, sino que va ligado a la facultad de ayuda que en ésta vida debo desarrollar y para la que me estoy preparando.
Desde muy niña siempre he “visto” y me he ocupado con “los otros”, haciendo esto que estuviera muy sola en mi infancia y los otros niños me evitaran o se les prohibiera el trato conmigo.



Muy recientemente, la facultad ha aumentado. Tanto es así que ahora en contadas ocasiones puedo servirme de la medicina intuitiva, que me ha permitido ayudar a personas enfermas en la discreción. Es decir, hechos que debían de ocurrir según diagnóstico médico, de pronto se desarrollan en una dirección distinta y positiva. Es como si de pronto extrajera de mí informaciones y la fuerza suficiente para aliviar una enfermedad determinada. 

He observado conscientemente que esas “facultades” crecen siempre y cuando abandono los comportamientos egoístas o en servicio propio, todo aquello que sirva a mi comodidad o intereses. Cuando cesan los prejuicios y mi ira, mi egoísmo u orgullo. Es cierto que hace menos de un mes he renunciado activamente a cosas importantes y que me llenaban, para suplantarlas por el esfuerzo y la abnegación en servicio de los otros. Y esa renuncia ahora me está trayendo oportunidades de ser útil…
Sirva mi testimonio, no para vanagloriarme de un atributo mágico, pues como digo no lo es y parece más bien fantasía, sino para explicar de un modo sincero y natural algo que está en un principio en todos los niños y en algunas personas y muchos animales, por ser algo natural e ignorado por el suceder de la vida y eso tiene su utilidad, pues debemos sucumbir, hundirnos en la vida, para así probarnos mediante ella.
Tan sólo algunos pocos querrán de verdad asumir este tipo de cosas y esos pocos comprenden de un modo innato que su única dicha la logran en la ocupación con los otros. 

A nuestra materia se le ocultan muchas magnificencias y eso es natural y justo. Los que son artistas, ven el arte por todas partes. El que es sastre se fijará en las telas con las que se cruza. Para el músico la vida es canción. Así sucede con esos que desde niño siguen manteniendo conscientemente la visión con eso que pasa desapercibido a los ojos del que se distrae con lo que ofrece la vida. Quien por tanto se mete en ríos esperando encontrar peces, encontrará peces. Y quién se mete al agua para nadar, nadará sin advertir a esos peces. 

Sabed, empero, que vuestro cuerpo no es más que un disfraz impuesto; un rol es vuestra vida cuya interpretación tomáis por este tiempo como absoluta. 

Recordad que no se puede gozar en ésta vida sin quitarle algo a los otros. 

Esto lo comprendo, yo la primera y es por tanto mi menester primero perfeccionarme en humildad, caridad y tolerancia. Vencer el orgullo, el miedo, los prejuicios, el egoísmo, la inactividad y el conformismo para ser ÚTIL en la gran obra siempre para los otros. Porque vagamente ya alcanzo a comprender que es ahí donde se encuentra toda la dicha verdadera. Si pensáis en un cielo futuro pleno de goces en la inactividad os equivocáis, aunque ahora no entendáis que vuestro goce final y eterno será el SERVICIO. Cuando algún día llegaréis ahí, veréis cuan poco son los goces que ahora envidiáis al lado de los que ahora despreciáis. Mi ambición por ahora es estar entre esos que florecen en la sombra, estar entre esos de los que el mundo no habla. 


Doy las gracias a los que me hacéis sufrir, los que sois duros conmigo, malévolos, los que me humilláis, los que os reís de mí y me habéis llenado de amargura, los que me sometéis a las más duras privaciones;  no solamente os perdono, sino que os doy las gracias. Queriendo hacer el mal, no pensáis que me hacéis tanto bien. Dios permite que me salgáis al paso para probar mi paciencia y ejercerme en la práctica de la caridad más difícil: la del amor a los enemigos. Yo bendigo hoy estas pruebas para seros así más pronto de mayor utilidad. 

(Sub umbra floreo: C. Bürk)

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