Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Metáforas (By C.Bürk)



Un hondo secreto la quema, aflora, al punto lo ahoga. Esta noche su alma barrunta a tu alma entre las brumas se su consciencia, mientras ésta se pregunta si quizás la suprema verdad se halle en la imaginación y no en los hechos…

Reprendida por las lecciones y herida por las injusticias, yendo de una manera de vivir hacía otra (¡Cuántos caminos a Damasco! ) con tantas almas en un solo cuerpo, sin saber la que se queda, ¿qué otra cosa puede hacer sino escribir? ¿Qué otra cosa – dímela tú, sino con la dignidad de haber sido vencida, descargar su pluma contra todas las condiciones?

Porque si, existen algunos cuyas vergüenzas acaban siendo un narcótico. Y como ellos, se rebaja a si misma, mientras otros se alaban. Como ellos, obedece al propósito de hallarse, siendo menos, menos… menos: ¡nada! Como mariposa nocturna, que huye de las bombillas; como espectro sumergido en la claridad solar, con el alma súbitamente remansada, así atenta contra su dignidad, mientras dentro esconde un demonio que no logro expulsar.

Ella, inquieta e imparable buscaba una palabra tras otra, corriendo tras la frase perfecta, con la que poder llegar a expresar cuanto necesita revelar al mundo.

Ella, mujer, y otras veces tan sólo algo insubstancial, trata de esculpir frenéticamente la conjunción entre la vida y las apariencias, el alma de las cosas y sus meras conjeturas. Arde en deseos de acercarse a las verdades con una llamarada de encanto y otra de espanto, pues siempre es más fácil quedar en el refugio de las apariencias, las cobijas cómodas que exhalan vida, pero también, encierran la muerte: la incapacidad de ser quien se es.

Desea anunciar con la sílaba las oscuridades y los destellos del alma, evocar las erratas malditas, las instalaciones del desencanto, que ni mucho menos, la estan condenando.

Hondamente, su espíritu feroz transita la alquimia de la existencia. Nombrándose viajera del desconocimiento, trata de arrojarse a los mundos ajenos, mientras invita al suyo en silencio.

En exquisita convulsión, arranca palabras al aire, como impulsos flotantes, como cometas resplandecientes, que al punto, mueren en el éter, ornadas con el espíritu de lo efímero y de lo eterno, que únicamente alcanzan su inmortalidad tras sucumbir en las bocas. Tal vez podrá llegar un día en que la poesía se haga lenguaje, un nuevo tiempo, en que se convoquen los grandes y los pequeños deseos diseminados en los versos, reunidos de súbito en las almas, en las verdades y en un par de ojos, los mismos que tanto anhela en la frenética ausencia de la página en blanco: su vida.

Ella espera a que las tormentas pasen, a que nuevos vientos llegen .Espera. Por amor al silencio y a la verdad, hasta no encontrar la justa definición. No desea ya los decires forzosos, forzados, decires sin salida, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. No habla, escribe: haciendo un pretexto para el silencio. Es su manera de expresar una utrera fatiga inexpresable.

Que la dejen con su voz nueva y desconocida, pide. ¡No, que no la dejen! Oscura y triste la infancia se había ido, huido de su vida como un golem moribundo, pero quedó la disipación de los dones.

Su existencia en el mundo, su vida, eran una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana era algo horrible.

Ahora las maravillas emanaban un nuevo centro (desdicha en el corazón de palabras escritas, a nadie destinadas). Y así habla con la voz que está detrás de las voces y con los mágicos sonidos del lenguaje de la exactitud.

Sabe, que estaba predestinada a nombrar las cosas con seudónimos esenciales. Y ella así ya no existe y lo comprende; lo que no sabe aun es quién vive en su lugar. Si habla, pierde la razón, si calla pierde el tiempo. Un violento huracán arrasa sus adentros, porque no se atreve a entonar el canto perdido de la humanidad.

Pero debe escribir, escribir y no parar de hacerlo, enredada entre hilos e hileras del lenguaje para caer herida de muerte sin remedio.

Ella no es culpable de que sus escritos hablan de lo que ES.

Ella pierde su vida por la literatura y por culpa de las palabras. Por hacer de ella misma un personaje literario en la vida real. Y fracasa así su intento de hacer un literati con su vida real pues ésta no existe:

es literati.

Se extravían los significados de las palabras más obvias: amor ya no quiere decir amor. Solo la muerte sigue siendo la muerte. Así es en el presente. Y entonces ella se precipita con

urgencia a narrar estados de asombro. Una levísima presión, un nuevo reconocimiento de lo que la acecha y lo plasma.

Porque el mundo,- así lo intue-, está ya tan solo a pocos pasos de una eternidad de silencio.

Eran las palabras sus pertenencias y ésas eran palabras.

Como nada posee, porque le resultaba imposible otorgar realidades, las nombra y crea sus existencias: son su hambre y su sed de realidad.

Todo cuanto le dejaron eran las palabras: su herencia y su condena.

Con ellas se prepara, se dirige, se consume y se destruye.

Ellas son su ausencia particular. Como una muerte interna, una ausencia autónoma y discreta, hecha de lenguaje. El silencio de las cosas son su horror, son el vértigo en el estado más puro.

Permanece incansable en el mundo, en la búsqueda de la verdad, para que sus palabras nazcan del mismo silencio que entrega un cuadro o una laguna.

Con palabras hace su mundo, con ella misma, un barco llevándola.

Su lucha no ha hecho más que comenzar: tratando de penitenciar un pecado, que ni tan siquiera estaba segura de haber cometido: afanando expresar las profundas experiencias humanas, arrancándoles su silencio, otorgandoles la luz.

Sub umbra floreo: C.Bürk

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