Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Finis terrae (El tenebroso mar por el que fluyen las palabras) Cabo Finisterre



Finis terrae (El tenebroso mar por el que fluyen las palabras) Cabo Finisterre



Evangelio según San Juan
La Biblia


Capítulo 1: Juan 1

1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
2 Ella estaba en el principio con Dios.
3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.
5 Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.



1. Cabo Finisterre (Las piedras santas)

“Son las palabras, por consiguiente, la luz de la humanidad.” Dijo ella. “Y las cosas parecen existir en su totalidad únicamente tras haber sido nombradas. Tiene su lógica”, continuó pensando en voz alta. “Y hay que enfatizar toda palabra con el ritmo adecuado, como las palabras de San Juan. Solamente entonces, cuando se convierten en poesía, ladean su luz verdadera sobre lo que nos rodea. En la intermitencia de esa claridad, las realidades pueden adquirir matices muy distintos”, concluyó.


2. Finis terrae (El alma contrariada)

“No te dejes las palabras
para cuando sea tu misma voz
la que cuestione y la que responda.

Mira, hija, que en esta familia
tenemos la acerba costumbre
de entendernos mejor de muertos.”

3. Finisterre (El punto de fuga)

“Sobre los filos de la existencia cabalgan las palabras, golpeándome sus sonidos como piedras, al trote de mi curiosidad vital, al galope de mi entrometida esencia, que como un extraordinario lujo, se anclan en el terreno de mi costumbre.”
“Desde la alambrada de mi corazón, sueño con el fin de un antiguo mundo, donde chocaban las palabras con los vacíos de los hombres, para topar con sus espejismos de realidades y convertirlos – desde un nuevo orden - en certeza material.”
“Existe alguna que otra enjundia que se nos presenta sobredimensionada y nos viene grande: el dolor, la soledad, la muerte, pero también algunas excesivas en belleza, culminación y grandeza. Para ello hemos inventado las religiones, porque creemos que las palabras no son suficientes. ¿Y qué ocurriría si perdiéramos la fe? Todo ello seguiría exponiéndose descomunalmente para nuestras asimilaciones. Lo que nos quedaría entonces, sería la poesía de la vida fraccionada. ¿Serían sus fuertes alas capaces de sostenernos?”
“Necesito de las majestuosas palabras de la Biblia. Preciso de la fuerza ilusoria de su poesía. Adoro contemplar a los hombres orando. Me apremia avistarlos. Los requiero en contra de la perjura ponzoña de los superficiales y desalmados.”

Sub umbra floreo: C.Bürk

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