Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Ansiado X

Ansiado X,

Hoy necesitaba desesperadamente volver a al rincón desde el cual te escribo estas cartas. Porque aquí siempre estás conmigo, porque el tiempo aquí siempre está detenido y cansado. Todas las existencias se unen en este lugar. Y tú, permaneces siendo uno con el destino. Este lugar es un mundo de letras, en él sobrevuelo y me poso acrobáticamente sobre palabras intencionadamente descolocadas, para amarte a la deriva.
Esto que hago con los dedos, no es escribir, es encontrarte. Sabiendo, que las letras nadan hasta tu lejana orilla. Incipiente y ciega soy todavía para alcanzar la sagrada savia de tu mente. Sin embargo, aqui te espero y te encuentro, agazapada detrás de mi propia sombra. Y ahí, sentada al borde de tu regreso, como ahora, lleno la blancura de un papel o de una pantalla, sin apartarme de ti jamás. Aquí es dónde puedo esperarte para siempre, en silencio, en la tinta. Sobre toda una vida, con él “para siempre” de las eternidades.
Eres la llave escondida bajo mis heridas. Quién abre mi existencia con la suya. Perpetuo eres en el horizonte de mi pasado. Y en mi presente, conspira la distancia con las existencias del ayer. ¡Qué baldío esfuerzo de ti me separa! Pero el amor se salva en tus retinas, como una luz que viaja incansable hasta tus ojos, desde la estrella que una vez nos hubo unido.
Este amor no mengua, no se transforma ni se desvía. No admite mudanzas. Es uno con el tiempo; estrella fija que guía mis días. No se desmiente por las circunstancias. No, por el silencio. No por la edad, que todo lo deshace. ¡Es amor eterno!
¡Por Dios; cómo te amo!

Tanto, que duele como jamás comprendí que pudiera doler un dolor. Tanto, que me callo con el silencio de las estrellas.

Un día, hace muchas existencias atrás, mis dedos conocieron la puerta de tu pecho, y supieron alcanzar las nubes que se ocultan tras tu velo de púdica ternura, allá donde sólo existen tus puros latidos.
Sin embargo, hoy es distinto. Todo se cumple exacto, y encajado en el justo lugar que corresponde. Todo cumple, -mimético-, su sino. Todo se arrastra en prosaico desfile, y tú no te das ni cuenta que así debe de ser. Todo descansa del ayer, todo menos el lúcido tumulto que tu existir en mí sigue promoviendo. ¡Es el amor que no ha cesado!



Y así he aprendido a amarte de mil maneras: abrazo los rincones que te ocultan de ti mismo, donde el deber es tanto que no se admiten las cercanías.
Te amo en tus silencios, apartado de mí. Te amaré, mientras me olvidarás. Y te amaré aun sin saber jamás de ti. No necesito esperanzas. El latir de tu existencia ya es motor de la mía. Te amo en la amistad, que se forja en entregas de la confianza y te amaré si me la retiras. Te amo en el tiempo, a orillas de la vida que transcurre en tu ausencia, porque en mí ya te tengo. Recorro los senderos contigo y sin ti, sonriendo, llorando, comenzando y terminando.

Te conozco en la luz y a oscuras. Porque estás en cada célula de mí ser. Estás tan dentro de mi alma, que con sólo respirar, estás en cada inhalación. Y hoy también te amo de una manera más... a ti, X, que eres el sol de mi firmamento. Hoy, te amo de una forma que va más allá de todo concepto acerca del amor. Un día, amado amigo, estaremos reunidos para volver a hablar como antaño y volarán los pájaros en libertad. Mientras ese día llega, sepas que francamente he aprendido a amarte y en eso está el significado de mi vida en la trascendencia a "ser" a pesar de no deber existir. El camino de la serenidad es una posibilidad ante el silencio... ¿Verdad?

Besa la boca de las palabras, buscándote…. Se desliza callada entre lo que calla… Te besa hasta el alma,
C.


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